Déficit de Atención

Mentes divergentes  

Las personas con déficit de atención son catalogadas como distraídas, cuando en realidad son muy buenas prestando atención, a lo que se supone que no deben prestar atención, o a lo que puntualmente les interesa. Sus mentes divergentes les permiten pensar de forma creativa y poco convencional. Tener déficit de atención significa que ves cosas que otros se pierden.

Cualquiera puede tener dificultades para quedarse quieto, prestar atención o controlar los impulsos de vez en cuando. Sin embargo, para algunas personas, estas características son tan comunes y persistentes que interfieren con todos los aspectos de su vida: relaciones familiares y vida cotidiana, desempeño académico, interacción social, control emocional y trabajo.

El déficit de atención es una condición neurológica que se caracteriza por tres factores: Hiperactividad: por ejemplo estar nervioso o inquieto.  Impulsividad: por ejemplo, interrumpir a otros o apoderarse de sus cosas. Y una gran capacidad de distracción:  por ejemplo, olvidar cosas y presentar grandes retos para organizar tareas y rutinas de la vida cotidiana. La Asociación Americana de Psiquiatría reconoce tres formas diferentes de déficit de atención: una que es principalmente olvidadiza (conocida como TDA -Trastorno por Déficit de Atención), otra que es fundamentalmente impulsiva e hiperactiva (conocida como TDAH – Trastorno por Difícil de Atención con Hiperactividad) y un tercer tipo combinado que abarca los tres síntomas: inatención, impulsividad e hiperactividad. Aunque hay muchos más niños que niñas diagnosticados con TDAH, el tipo fundamentalmente distraído es más frecuente en niñas.

Causas del Déficit de Atención

Las características que muestra el cerebro con TDA o TDAH tienen que ver con niveles más bajos de un neurotransmisor llamado dopamina. Los neurotransmisores son sustancias químicas que facilitan la comunicación de los impulsos nerviosos a través del cerebro.  La dopamina esta asociada a la actividad motora, la motivación y la búsqueda de recompensa. Las personas con déficit de atención parecen tener niveles de dopamina más bajos en su cerebro, y esto genera una necesidad excesiva de estimulación: búsqueda constante de movimiento, sensaciones y estímulos más fuertes.  Contrario a la creencia popular, las personas con déficit de atención están sub estimuladas.  Lo que estimula a una persona promedio, no es suficiente para ellos y por esta razón necesitan y buscan emociones y sensaciones más fuertes.

Estos niveles bajos de dopamina – que causan el déficit de atención – parecen tener una base genética.  Las investigaciones han mostrado que el déficit de atención es una de las condiciones más fácilmente heredables.

En la práctica, el déficit de atención afecta una serie de habilidades mentales conocidas como funciones ejecutivas.   Si tienes déficit de atención, o tienes un hijo con este diagnóstico, seguramente has notado que:

Les cuesta planificar, iniciar y terminar actividades, organizarse y mantener en mente información importante para la ejecución de tareas cotidianas. Esto se conoce como memoria de trabajo.

Tienen dificultades para controlar sus impulsos y esto se conoce como control inhibitorio.

Ante situaciones inciertas o cambios,  les cuesta ser flexibles y resolver problemas sobre la marcha.  Esto se conoce como flexibilidad mental o cognitiva.

Como les cuesta atender, permanecer, quedarse quietos y controlar sus impulsos, usualmente son catalogados como “niños necios”, y reciben más correctivos disciplinarios que el promedio de los niños.  Esto genera en ellos un lenguaje interior negativo, una voz interior que les dice que no son los suficientemente buenos y que afecta su auto imagen.

Las siguientes NO son causas del déficit de atención, pero pueden empeorar los síntomas para algunos niños que ya lo tengan:

– Ver mucha televisión.
– Comer azúcar en exceso.
– Estrés familiar y falta de organización, límites y estructura en casa.

Señales de alerta de Déficit de Atención

Del tipo inatento

– No presta atención a los detalles y comete errores en tareas escolares por descuido
– Dificultad para centrar y mantener atención en juegos y tareas
– Le cuesta seguir instrucciones
– Problemas de organización
– Tendencia a evitar actividades que requieren esfuerzo mental
– Pierde objetos como útiles, y juguetes con facilidad
-Se distrae con facilidad
-Disperso y olvidadizo en actividades cotidianas

Del tipo impulsivo

– Gestos o movimientos repetitivos que denotan intranquilidad
– Dificultad para permanecer sentado
– Tendencia a correr, trepar y moverse de forma excesiva
– Habla excesiva o descontrolada
– Dificultad para realizar actividades en silencio
– Respuestas impulsivas sin haber escuchado completamente la pregunta
– Dificultad para esperar el turno o hacer fila
– Tendencia a interrumpir o a inmiscuirse

Diagnóstico del déficit de atención

Determinar si un niño tiene déficit de atención es un proceso complejo ya que muchas condiciones biológicas y psicológicas pueden causar síntomas similares a los del déficit de atención. Adicionalmente, el déficit de atención puede coexistir con otras condiciones como el Síndrome de Tourette, ansiedad o trastornos de aprendizaje, entre otros. Por eso, es recomendable realizar el diagnóstico con un profesional bien entrenado, capacitado para identificar si el TDAH es un diagnóstico único, o si viene acompañado con otros diagnósticos.

No existe una prueba única acreditada como un examen de sangre o un escáner cerebral para diagnosticar el déficit de atención. Los criterios para determinarlo, se basan en en DSM 5, (que es el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales de la Asociación Americana de Psiquiatra). Este manual establece que debe hacerse a partir de los 7 años de edad, pues antes de cumplidos los 7 años hay asuntos de maduración y desarrollo que apenas se están consolidando en el niño. Una buena evaluación incluye además, observación clínica detallada del funcionamiento académico, social y emocional del niño. Como parte de la evaluación, el especialista pide pruebas de visión y audición, para descartar otros problemas médicos que puedan causar síntomas similares a los del déficit de atención. Los profesionales que diagnostican esta condición son psicólogos, neuropsicologías, neurólogos o psiquiatras infantiles. Consulta aquí nuestro directorio de profesionales recomendados para realizar este diagnóstico.

Sospecho que mi hijo tiene TDA - H ¿Qué hago?

Paso 1: Revisa cuidadosamente las señales de alerta de déficit de atención. Observa a tu hijo y pregunta a otras personas que comparten habitualmente con el – familiares, amigos, profesores – si notan algo particular en su desarrollo. Es importante validar que los síntomas se presenten tanto en casa como en el colegio, porque si no es así, podría ser un problema de adaptación a alguno de los ambientes, que se manifiesta con comportamientos similares a los síntomas de TDA-H . También se recomienda esperar hasta que el niño haya cumplido los 7 años, antes de consultar a un especialista para obtener un diagnóstico.

Paso 2:  Si el niño es mayor de 7 años, y presenta los síntomas tanto en casa como en el colegio, se recomienda buscar un especialista.  El diagnóstico de déficit de atención lo hace un médico neurólogo, psiquiatra infantil, psicólogo o neuropsicólogo.  Conoce aquí nuestro directorio de especialistas recomendados para este diagnóstico.

Paso 3:  Si el especialista valida el diagnóstico, se deben tomar decisiones con respecto al plan de intervención.  Para el déficit de atención se recomienda terapia multimodal que incluye una combinación de 3 abordajes, de acuerdo a cada caso:

-Farmacológico (medicación)
-Psicológico (niño)
-Educativo (padres – profesores)

Paso 4: Tener un hijo con déficit de atención es una experiencia retadora, porque los  comportamientos pueden ser interpretados como falta de límites por parte de los padres o falta de motivación o cooperación del niño. La educación de los padres es un elemento clave, pues muchas actividades cotidianas que parecen “simples”, representan un gran desafío para estos niños, y requieren apoyos, comprensión y un buen acompañamiento por parte de los adultos.